jueves, 1 de enero de 2015

Libro nuevo.

Llevo años haciendo inventarios, balances y cosas similares. Hace unas horas despedimos el 2014 y ahora qué; ¿año nuevo? En realidad todo seguirá igual si nosotros queremos que así sea y las personas que realmente nos importan seguirán estando aquí, allí, al otro lado lado, pero siempre presentes. 

Quiero agradecer al 2014 todo lo bueno que me ha regalado y todo lo que aquí guardo conmigo, con ti go, con aquellos que me quieren y comparten siempre mis alegrías. Con aquellos, que a pesar de la distancia o de no poder vernos diariamente, comparten mis logros y mis penas. Gracias a todas esas personas que habéis formado parte de este año, a los que ya estaban y a los que han venido, a esas nuevas y buenas personas que he conocido gracias al trabajo que el 2014 comenzó brindándome. A mi familia por estar siempre y sobre todo a esa personita tan bonita y especial que vino al mundo este año y que a pesar de ser tan pequeña logra hacerme muy feliz con el hecho de solo mirarla. Y por supuesto, gracias a ti, por todo lo compartido, tu tiempo, mi tiempo, nuestra vida juntos, por cada instante de felicidad que significa vivir a tu lado. 

Adiós 2014. 

Adelante. Vamos a abrir el nuevo libro. Es un libro cuyas páginas están en blanco. Vamos a poner palabras sobre nosotros mismos. El libro se llama "Oportunidad" y su primer capítulo es el Día de Año Nuevo. Bienvenidos. 

Feliz 2015. 

Comencemos...









viernes, 26 de diciembre de 2014

Disfrazando la navidad.


Llevaba más de nueve días alimentándome de envases que llegaban hasta mí. Por la noche arrancaba las etiquetas pensando en Iris, pues ella era muy temerosa y bastaba con saber que el yogur era de días atrás, para que irremediablemente enfermara. Yo tenía que cuidarla. Todos los días, papá seguía una rutina ingrata y tediosa recorriendo toda la ciudad, buscando lo no encontrado, anhelando aquello que un día tuvo. A veces lo notaba muy triste aunque sé que él se bebía la mayor parte de sus lágrimas. Sin embargo, dos años y medio habían causado mella en él y estaban acabando con aquello que los mayores llamaban autoestima. Por la noche, papá se sentaba con nosotros y nos contaba historias, a veces leídas, otras inventadas, pero siempre centradas en el amor y en la lealtad. Por ello, a pesar de mi corta edad, sabía lo que significaban esas palabras, más aún desde que tuvo que vender la televisión y nuestro mundo se centró en el aprendizaje de la lucha diaria, de las relaciones humanas alejadas del despilfarro inútil o de los regalos absurdos, “cáscaras vacías” como las llamaba papá, fiestas que en realidad no celebraban nada, tan sólo una aparente felicidad.


Se acercaba la navidad, las manos mágicas de mamá se perdieron dos años atrás, pero el olor del asado que ella cocinaba lo seguía teniendo presente, y eso me hacía sentir feliz, era como notarla a nuestro lado, como si su sonrisa diaria o su singular forma de arroparme siguieran vivas. Mientras sigo recordando y sintiéndome dichoso por lo que un día tuve, les he pedido a las personas de este lugar en el que ahora me hallo que me traigan una libreta pues necesito comunicarme con mi mundo, el de antes, el de ahora. En una ocasión, papá me dijo: “las cosas que no se cuentan mueren en los corazones” y yo quiero que todo siga vivo y también quiero escribirle a usted, señor Claus. Comenzaré:
                                             
“Estimado señor Claus; hace unas semanas cumplí once años y desde hace algún tiempo ya sé que usted no existe, tan sólo hay personas que durante estos días navideños se disfrazan bajo un traje rojo y unas frondosas barbas blancas intentando hacer más felices a los niños, colmándolos de regalos y caprichos. A mí también vino a visitarme uno como usted hace años aunque creo que ahora ha olvidado mi dirección postal. El hueco de su entrañable visita fue reemplazado por el de un guardia misterioso vestido de negro, un agente que no dibujó ninguna carcajada sonora tan típica de usted, sino que trajo al hogar una invitación para realizar un nuevo viaje, un éxodo sin destino marcado. Esta noticia dejo a papá muy apenado y sin poder articular palabra. Era como si aquel documento hubiese venido acompañado de un doloroso mutismo.

Eran vísperas de nochebuena y a mí me gustaba mirar por la ventana el pestañeo de aquellas luces de colores, claridad que echaba de menos en nuestras paredes. Unos iban, otros venían, cargados de bolsas y grandes paquetes. De repente, no sé qué me pasó pero eché a llorar como un crío. Tal vez tenía demasiada hambre, quizá envidié aquel fantástico coche con el que Adrián jugaba en la calle o simplemente me encapriché de algo ajeno. Ahora me arrepiento señor Claus, pues fue ese instante cuando papá no aguantó verme llorar, desesperado salió corriendo de casa y rompió aquel cristal de la gran galería. Velozmente trajo consigo bastante comida, chocolatinas y velas, llevándose a la habitación una misteriosa bolsa. ¿Lo entiende, señor Claus? Yo fui el único culpable, por haber derramado aquellas lágrimas, por haber dejado salir de mi interior a ese niño que vive en mí.

Ojalá pueda llevar esta carta a mi papá, o mejor aún; ¿es usted juez? ¿puede ayudarme y valorar lo que pasó? Me hicieron creer que en esta vida los malos eran castigados y los buenos premiados, ¿acaso me han engañado? Mi papá es del bando bueno, créame.

Mi apreciado gordinflón; ¿es usted político? Los políticos hablan mucho y discursean acerca de una vivienda y trabajo digno; ¿acaso no es digno el oficio de ser padre? En ese gran saco de regalos que lleva encima, hay algunos que faltan. Son aquellos que no ocupan espacio físico, aquellos que no se compran pero sí se sienten, aquellos que tenemos que encargarnos de hacerlos crecer día a día. Si usted quiere, mi papá puede enseñarlo.

Mi regordete bonachón, usted que tanto aprecia a los niños; ¿es acaso sacerdote? ¿Podrá perdonar a mi papá aunque haya incumplido uno de los mandamientos? En la iglesia, muchos como usted defienden la unión familiar, predican el amor, la amistad, promulgan buenos deseos y paz para todos. ¿Nosotros no merecemos esa paz? Muchos actos son justificados. ¿Acaso el de la desesperación no entra en su lista?

Mi querido Santa, ya no le retengo más. Allá donde esté, llévele esta carta a mi papá y dígale que prefiero verlo a través de la oscuridad generada por nuestras lámparas de cera y poder sentir su mano, antes que estar rodeado de esta luminosidad del hogar en el que ahora habito. Dígale también que prefiero mi vacío de estómago antes que esta gran comilona ausente de afecto y ternura. Pero sobre todo, dígale que ahora entiendo porque no lo emplean en ningún sitio, que no esté triste, porque su mejor oficio es ser papá y eso, señor Claus, no se compra ni se vende”.



domingo, 7 de diciembre de 2014

¿Vivir soñando?

¿A dónde irán los sueños cuando no los conseguimos? Porque a algún sitio tienen que ir... Aunque parece que al final los sueños no son más que una excusa, la excusa perfecta para vivir pero claro, esos sueños a veces también se convierten en la mirada nostálgica de lo que nunca fuimos capaces de ser y de lo que quizá nunca seremos….
¿Se puede entonces vivir sin sueños?

¿Vivimos sin expectativas con los pies en la tierra y sabiendo por dónde y cómo debemos ir o nos dejamos guiar por esos sueños difíciles de conseguir pero que a su vez nos resultan gratificantes como para poder levantarnos cada día?
Moflete. Muñeca (3)

Anoche soñé que al fin podía soñar que soñaba contigo





viernes, 5 de diciembre de 2014

Memories.

Ella no solía recordar los sueños, de alguna manera se había acostumbrado a no poder contar a los demás sus bonitos deseos o tortuosas pesadillas. Sabía que había tenido un mal sueño porque se despertaba de madrugada y algo la inquietaba, algo que no la dejaba seguir durmiendo plácidamente. ¿Príncipes azules o principitos que se convertían en ranas? Aquella mañana, sin embargo, algo cambió. Pasó de vivir en la oscuridad a conocer la luz, sin ni siquiera pedirlo, sin esperarlo.

Muñecas sepia (2)
Algo había cambiado dentro de ella y a partir de ese día, no le hizo falta recordar sus horas de somnolencia porque pudo sentir que la vida no era eso que hasta entonces había imaginado sino que la vida es caer y levantarse, y volverse a caer y volver a levantarse; que la vida es alegrarte los viernes y fastidiarte los lunes; es reír y llorar, es abrazarte a quien merezca tus abrazos, porque en definitiva, la vida es eso: soledad y compañía: buscada e involuntaria, anhelada o desdeñada; ¿qué más da? 

sábado, 29 de noviembre de 2014

Muñeca de trapo.

En ocasiones, haces una fotografía y a posteriori te surge una idea, una historia, algo que te transmite y que quieres contar a través de ella. A mí, personalmente es lo que más suele ocurrirme. Si bien, hace un par de años hice una serie de fotos relacionadas con las muñecas y ahora quiero recordarlas aquí en el blog y escribir unas líneas, algo que éstas me evoquen. 

Aquí va la primera: muñeca de trapo. 


Color. Muñeca (1)
No es solo un corazón de trapo ni tan solo una muñeca de harapos. Con solo un gesto, sonreirá. Con una palabra, radiante se verá y con  mirada, feliz será. 

Por ella disfrutarás y también por ella, pelearás. El final de su viaje de ti dependerá: ¿la guardarás en el desván o querrás compartirla con los demás?

domingo, 10 de agosto de 2014

Nicotina de besos.

Como humo gris e intoxicado te saboreo sin prisa, jugueteando, aplacando mis ganas, anhelando encontrar ese aroma adictivo diario. 

Me engancho a la droga de tus besos,
te descubro,
te huelo,
te indago,
te miro,
te saboreo.

Y sigo aspirando lentamente este dulce veneno, quizás porque sé lo que de él puedo esperar, quizá porque sé que sin ellos no quiero estar.

Como humo gris e intoxicado busco y encuentro ese beso, y así, de repente, consigo toparme con el sabor de tu risa en mis labios, sintiendo la mejor de las condenas, sintiendo desaparecer en ellos.


lunes, 4 de agosto de 2014

Cumpliendo.

Cuando eres pequeño, solamente quieres cumplir años para celebrarlo con una gran fiesta con tus amigos y de paso, que te llenen de regalos. Poco a poco va pasando el tiempo y los cumpleaños van tomando otro sentido. Sin embargo, para mí siempre serán un motivo por el que festejar. Me gusta cumplir años y me encanta hacer balance de ellos, de lo que éstos me han ido enseñando y de lo que aún tendrán que mostrarme.  

Hace unos días cumplí 33. Nunca negaría mis años pues los he vivido con la intensidad que he querido y nada tendría que negar. Todos, los 33 han sido importantes, y todos han estado marcados por algo, por alguien, por mí. 33 ciclos de aprendizaje, de volver a empezar, de equivocarse, aprender, sufrir y ser feliz. Hace unos días cumplí 33. La edad de Cristo, eso dicen. Algo constantemente repetido por muchos.

Supongo que una vez que cambias de dígito y pasas la franja de los 30 ya te da igual, total es cambiar de número. De repente un día nos levantamos y cambiamos el 2 por el 3. ¿Qué cómo me siento? Igual. Me siento absolutamente igual, es decir, de maravilla.

Qué ilusa fui cuando cumplí los 30 y me entró aquella crisis existencial. Qué idiota. Un amigo me dijo por aquel entonces: "acuérdate que lo mejor está por llegar, a partir de los 30" y yo me asombraba y recordaba con mucha nostalgia todo lo vivido hasta entonces: años de instituto, tiempos de universidad, cambios de ciudad, personas que llegaron y te marcaron, primeras veces, experiencias laborales, grandes aventuras, viajes secretos, salidas imprevistas y un sinfín de cosas. Por ello escuchaba aquellas palabras como absurdas, ¿lo mejor? mientras tristemente fruncía el ceño a mi pasado.

Es tan cierto que todo lo mejor estaba por llegar. Cumplir años es vivir: amar, sentir, rodearte de la gente que te quiere y de todos los que tú has escogido para que formen parte de tu día a día. Llegar a ese momento en que sabes lo que no quieres para tu vida y tener la suerte de encontrarlo, de encontrarte. Buscarte a ti misma, conocerte y valorar esa vida por la que merece la pena luchar. Porque aunque haya días grises, intentas buscarle otra gama de color y ese otro aliciente que necesitas.

Por ello, no se trata de añadir años a la vida, sino de dar vida a los años. La vida tan sólo está hecha de momentos y ocupar esos momentos, compartirlos, atraparlos depende solo de nosotros. Yo quiero seguir sumando momentos, y espero venir el año que viene a escribir mi parrafada y seguir divagando aquí con vosotros, con ti go, con mi go.



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