martes, 5 de noviembre de 2013

Travelers

Al igual que dos viajeros de diferentes trenes, con billete de ida pero no de vuelta. Como aquellos que quedan a mitad de camino, con ganas de encontrarse a ciegas y disfrutar de su propio espacio juntos, hecho a su medida. Exactamente igual que aquellos viajeros que nada más acomodarse caen rendidos y sueñan, e imaginan. Un sueño tan real dónde ella quería imaginarse con él pero no podía, no sabía. Para sus adentros esperaba un nuevo cruce de caminos; visitar restos de aquellos días pasados, retazos, papeles mojados que la lluvia se llevó.

Destino: felicidad/ Estación de Córdoba

Al igual que dos viajeros de diferentes trenes, aquellos que quizá se intentan saludar y el gesto solamente queda intuido, amagado e incluso relegado a un segundo plano. Como caminos que se cruzan y desvíos a los que tienes que hacer frente: elegir. Porque de ese desvío y de tu elección depende tu felicidad o quizá no, quién sabe; al fin y al cabo, ¿Alguien sabe qué es la felicidad? ¿Cuánto pesa? ¿Quién tiene el índice establecido para saber que nos encontramos en dicho estado? La felicidad, ese término tan abstracto y tan efímero que ni siquiera te paras a pensar en el momento en qué eres feliz porque siendo tan fugaz, quizá cuando te hayas parado a meditarlo algo ha sucedido que te impide alcanzar lo que antes, a ti, te hacía feliz.

Al igual que dos viajeros de idénticos trenes, sin embargo, viajeros que deciden separarse de vagón, aquellos que determinan bajar en diferentes destinos puesto que saben, o tal vez intuyen, que la felicidad es interior, no exterior; y que por lo tanto, no depende de lo que tenemos, sino de lo que somos.

domingo, 3 de noviembre de 2013

Reabriendo

Huele un poco a cerrado, lo sé. Después de 33 meses de ausencia una se pregunta cómo puede volver a escribir en esta, su casa blogguera. No es que haya estado tanto tiempo sin escribir, es que me alejé y me guardé los retazos que iban saliendo en ese lugar secreto de mi escritorio. Me alejé de aquí, y de allí. Lo sabemos. Lo sé. En ocasiones necesitas dejar todo a un lado y dedicarte a ti misma, curarte de lo que sea necesario y luego, si lo precisas, volver. Volver con más fuerza, con más ganas, con más sueños y sonrisas.

Sí, ahora vuelvo con sonrisas. Y es justo con un texto que escribí hace días en otra red social con el que quiero volver aquí pues es un reflejo de lo que soy y de lo que quiero ser. Y porque aunque haya días que llore, sé levantarme y buscar un motivo para sonreír.

El texto decía algo así:

Dicen que la cara es el espejo del alma y la sonrisa, en consecuencia, es el reflejo de nuestras emociones. Yo lo que digo es que no puedo entender cómo hay gente a la que le molesta verte reír, sonreír, soltar una carcajada y esto no lo entiendo por dos razones: si no son tus amigos, les debería resultar indiferente lo que hicieras con tu vida o con tus muecas y si son tus amigos, deberían alegrarse por verte feliz, radiante, ¿estoy en lo cierto o desvarío?

Supongo que este hecho, denota una vez más el egoísmo del ser humano, la poca empatía que podemos sentir por aquellas personas que en lugar de llorar penas (seguro las tienen), quieren mostrarle una sonrisa al mundo porque sí, porque les place. Si bien, esto denota como iba diciendo, que si te molesta la risa de otros, te molesta su felicidad, y si te molesta su felicidad es porque no es parte de la tuya, y de ahí la amargura.

No, yo no vivo en los mundos de Yupi y nunca he vivido. Quizá por eso, por lo que he visto, vivido u llorado, ahora sonrío y me encanta. Le pese a quién le pese 

Por eso, y como hoy es el día mundial de la sonrisa, escribo sobre este tema y me pongo a mí misma (ególatra para quien quiera verlo así), dedicando estas dos sonrisas a la gente que me quiere y a la gente que me hace sonreír día a día. Gracias a los dos causantes que me provocaron las carcajadas de estas fotografías y en general a todos los que sabéis valorar y provocar una sonrisa.

“Sonríe cuando estés triste porque más vale una triste sonrisa que la tristeza de no volver a sonreír”.


Risas para el recuerdo.
Huele un poco a cerrado, lo sé. Habrá que empezar a airearlo. Convertiré este blog en mi pozo de reflexiones y pensamientos dispersos, en aquello que no tiene cabida en otra red pero que sin embargo, si quiero sacarlo fuera. Convertiré este blog en aquellos relatos de amor, ilusión, sueños y melancolía que una simple foto me puede transmitir. Convertiré este blog en lo que yo quiero que sea.


Risas para el recuerdo.














Si gustas, si quieres, te invito a quedarte.

viernes, 18 de febrero de 2011

La espera

Como cada día y tras tomar su primer café, largo y con dos azucarillos, se dispuso camino de la estación. Hacía años que iba a trabajar en tren y siempre, cada mañana, veía los mismos rostros: caras perezosas, somnolientas, caras simpáticas, tristes, sombras de individuos que se dirigían como él hacia aquel andén, esperando que les llegará su turno.


Casi por inercia, siempre solía saludar a las mismas personas e incluso aquel día echó en falta a aquella mujer dicharachera que rozaba los cincuenta años y que siempre le fastidiaba su ratito de siesta durante el trayecto puesto que a diario tenía preparado un tema de conversación. Pero sin duda, aunque todavía no lo sabía aquel día algo iba a cambiar para siempre. Pronto lo descubriría.


A lo lejos, sobre la parte izquierda de la escalera principal pudo vislumbrar a una chica de rostro melancólico y sonrisa triste. No sabía quién era pero desde ese momento todos y cada uno de los siguientes días aquella chica aparecía por la estación y la llenaba de una luz especial, incluso aquellos rincones más inhóspitos. Era una mujer joven y no especialmente guapa, sin embargo otros rasgos destacaban en ella, una aureola de misterio, una expresión en su mirada que a los viandantes asustaba pero que a él le encantaba. Su sonrisa tenía un rasgo peculiar. Era una sonrisa personal, íntima, una media sonrisa que encerraba una tristeza profunda. Cada día cuando ella aparecía bajando la escalera principal él siempre analizaba aquella sonrisa pensando en los sueños que aquella chica quizá había dejado en el camino, ilusiones rotas, promesas quebradas y dolor perpetúo.


Sin embargo, lo más llamativo de aquella chica era que nunca saludó a nadie, nunca emprendió una conversación con nadie y siempre se quedaba sentada en el mismo banco oxidado, aquel banco situado en ese lugar estratégico que le permitía tener clavados sus grandes ojos negros en la vía principal.


Con su mirada fija hacia el infinito, la gente se la quedaba mirando y cuchicheaba sobre ella, sobre su andrajoso vestido verde y sus sandalias romanas rotas por la tira central, lo que le ocasionaba que muchas veces al caminar perdiera la sandalia y su pie se quedara rozando el suelo. Creía pasar desapercibida pero no era así. Lo que ocurría es que todo el mundo la miraba a través de su rostro y de su aspecto pero no a través de sus ojos. Tan sólo él fue capaz de mirarla a los ojos y ella, con su mágico esplendor supo contenerle la mirada. Sin embargo, ella nunca pronunció ningún sonido, ni una sola palabra, él tampoco la forzó y de la misma manera nunca emitió vocablo alguno pero sus ojos se encargaron de hablarle, sus ojos fueron capaces de entablar una conversación en la que tan sólo él y ella eran partícipes.


“¿Qué le habrán hecho a esta chica?“. Un escalofrío recorrió su ser tan solo de observar lo que aquellos ojos cansados y tristes eran capaces de transmitirle. Todos la criticaban y decían que estaba loca, que llevaba meses con la misma indumentaria, que reía sola y que siempre realizaba los mismos actos. Todos se limitaban a eso, a criticar, a cuchichear, sin embargo nunca se detuvieron a mirarla como él lo había hecho y por ese mismo hecho, sólo él pudo ver más allá y pudo reconocer cómo a través de esos ojos se escondía una historia. Una historia de amor, de pasión y deseo, una historia feliz y desgraciada, una historia de una vida que había tenido en sus manos y que la había dejado esfumar por caprichos del destino, por orgullo, por desidia, por el miedo a rectificar, a decir “lo siento”.


Una historia que había comenzado en una estación de tren y que de la misma manera allí tenía que terminar. Por eso, durante tanto tiempo aquella chica se encaminaba a aquel lugar, esperando encontrar el valor día a día. Por eso una mañana cuando él se volvió para buscarla ya no estaba. Había llegado su tren. Después de muchos meses ese tren sin destino había llegado y tan solo un trozo de papel arrugado y vertido en lágrimas se sujetaba entre los hierros del viejo banco oxidado.


Nada más toparse con el papel supo que esa carta era para él, ella también supo que él la entendería sin apenas leerla. Es por eso que a día de hoy todavía no ha sido capaz de leerla ni tampoco lo ha necesitado puesto que sin necesidad de ello ha comprendido lo que aquellos ojos cansados querían decirle, lo que aquella sonrisa cubierta de nostalgia quería demostrarle. "Todos tenemos nuestro momento, nuestra historia que debemos construir y alimentarla. Una historia de la que solo nosotros somos dueños y nadie debe destruirla". Quizá luego sea tarde, quizá luego el tren que nos encontremos no es capaz de llevarnos a nuestro lugar deseado y solo es capaz de llevarnos a un lugar sin retorno. Para ella por supuesto que ya era demasiado tarde, para él aún quedaba mucho camino por delante.

miércoles, 9 de febrero de 2011

Adicción

Es difícil de entender, pero a veces sucede.


Sientes que te falta aire para respirar, que por mucho que exista, es insuficiente. Tu pecho arde de dolor, necesita romperse para poder seguir respirando. El espacio que te rodea parece un minúsculo refugio: oscuro, sombrío, sin salida.
No te apetece pero buscas como salida ir a la calle pues piensas que ahí está la solución. Finalmente sales, paseas, miras a tu alrededor. Incluso la avenida más grande y monumental se convierte en insignificante….y es que al fin y al cabo todo está dentro de ti, de tu cabeza, de tu ser. Sigues sintiendo la misma ansiedad, las mismas ganas de llorar, de gritar, de querer alejarte. Pero al mismo tiempo no quieres estar sola, odias esa sensación. Deseas encontrarte con personas, sonreírles, hablarles, contarles. Volver a ser cómo antes. Todo es demasiado contradictorio y es que, a veces sucede.
A veces, algunas personas crean adicción, como la droga. La peor de las drogas. A veces, sientes que no podrías seguir viviendo sin esa persona, que tu vida a partir de ese momento no tendría sentido, que ya nada sería igual a lo que un día, fue.
Es una sensación desagradable porque te hace sentir vulnerable y demostrar tu debilidad. Como la peor de las drogas, te sientes feliz cuando esa persona está cerca pero cuando te falta, aparece de manera intensa el síndrome de dependencia y justo en ese momento ya no sabes cómo seguir hacia adelante. Igual que un niño pequeño que está empezando a dar sus primeros pasos, igual que andar con una venda en los ojos o jugar a la gallina ciega. Te sientes perdida, indefensa, frágil.
No me gusta esa sensación ni el riesgo de depender de nadie.
No me gusta sentirme decepcionada porque alguien ya no esté a mi lado.
No me gustan los cambios fugaces, esos que te destrozan, que te hacen reír a carcajadas y en cuestión de horas, te hacen llorar desconsoladamente.
No me gusta, no. Pero a veces, algunas personas crean adicción.

lunes, 22 de noviembre de 2010

Volviendo a escribir

Estaba pensando que hacía mucho tiempo que no venía por aqui. Y no es que no me guste hacerlo. Es que a veces se me olvida que tengo blog.

Entonces escribo y escribo pero no subo nada. Tampoco es que lo suba a la competencia. Son cosas que escribo y que ni fotolog ni blogspot sabe. Mucho mejor, ¿verdad? De todas formas también hay cosas que no se cuentan y que dicen, mueren en los corazones.

No voy a hacer promesas que no sé si quiero o voy a cumplir pero sí, quiero venir aqui al blog más a menudo y escribir. Escribir historias inventadas, soñadas, historias reales y ficticias. Historias que entretengan y que puedan hacer llegar de alguna manera a los pocos que os soléis pasar por aquí. Y mejor así (lo de pocos, quiero decir) siempre me asustaron las multitudes.

Me gusta esta "intimidad" del blog. Y lo pongo entre comillas porque no estoy loca y sé que para nada hay intimidad en algo que estoy subiendo públicamente pero sí me gusta que este rincón sea más pequeño y cálido que otras redes sociales. Primo, te sigo leyendo aunque no te diga nada y riéndome con tus historias. A tí también Súper, bien bonito que lo tienes.




Como digo, aquí estoy de nuevo.

Lo sé, tal vez huela un poco a cerrado y es que hacía algún tiempo que no me alojaba por aquí, y menos aún con la intención de quedarme, pero sí, hoy vuelvo para quedarme. Puedes pasar si es de tu agrado, sí, tú que estás leyendo, a mí me encantaría y ya sabes que siempre has sido y serás bien recibido.

Hoy vuelvo a abrir esta ventana para que corra el aire, para que entre luz y quede atrás la oscuridad de los días en los que todo parecía teñirse de errores, de falsos positivos, intentando y consiguiendo colorear de nuevo esas ganas de seguir aprendiendo, luchando y en definitiva viviendo.

El espacio como siempre se intentó pretende ser al menos acogedor. Ni muy pequeño como para sentirse incómodo, ni demasiado grande como para meter mentiras.

De nuevo y como siempre, estáis invitados.

Seguidores