lunes, 5 de abril de 2010

Reflejos reales

Quizá os haya pasado en alguna ocasión.

Quizá alguna vez caminando por la calle os pareció ver entre el tumulto de la gente a una persona a la que amasteis hace mucho tiempo. Apenas fue un instante, un breve destello de luz, lo suficiente como para dejar una quemadura en la retina y en el alma.

Quizá os ha pasado, que ese instante, esos breves minutos fueron el tiempo suficiente como para dejarte paralizado en mitad de la acera, sintiéndote a contracorriente de todo y sin saber muy bien qué hacer o qué decir. Acto seguido se te llena la cabeza de recuerdos. Todos vienen a ti; buenos y malos; sonríes y entristeces.



Reflejos de un viernes santo (Priego de Córdoba)


Quizá alguna vez habéis tenido esa sensación de desconcierto y turbación, porque esa es la cuestión que ni siquiera estás seguro de que se trate de esa persona; primero porque ha sido un breve instante y segundo como digo porque ha pasado tanto tiempo desde la última vez que os vistéis que tal vez haya cambiado. Sí, todos hemos cambiado en este tiempo y tú también aunque a veces te niegues a reconocerlo.


Quizá os haya pasado que incluso aunque recelosos y desconfiados de aquel momento, el corazón se os ha acelerado y por eso te has quedado allí en mitad de la acera, pensando y dudando si es lo que crees haber visto o si es que uno confunde la realidad con el deseo.


Quizá alguna vez habéis sentido incluso ganas de que ocurriera algo así y el deseo hace que inventemos a esa persona entre la gente: desapareciendo y apareciendo, apareciendo y desapareciendo. Y no es porque quedará algo urgente por decir o algo pendiente, probablemente no sea eso, quizá solo sea un deseo inconsciente y uno sólo quiere encontrarse con esa persona para decirle cualquier tontería, para poder recuperar un pequeño retal, un insignificante fragmento de aquellos tiempos en los que éramos eternos e invulnerables.


Quizá solo para decir; ¿qué ha sido de ti en todo este tiempo?; ¿qué fue de nosotros?; ¿qué ha sido de mí?


miércoles, 24 de marzo de 2010

Amor nómada

Casa Fuente del Rey (Priego de Córdoba)

Confuso, fue capaz de llegar hasta un lugar que ni siquiera aparecía en su arrugado mapa, en aquel mapa que días atrás le había entregado aquella chica misteriosa justo en la gasolinera del pueblo. Desde pequeño había dado muestras de su valentía y en su época de adolescente había sido un chico muy atrevido, sin miedo a nada. Ahora, cuando ya rozaba los cuarenta otros sentimientos albergaban su mente, su vida. Una vida que no había sido fácil pero desde luego una vida en la que el temor y la desconfianza no estaban presentes. A veces él mismo se sorprendía y le resultaba triste no tener miedo a nada.
Con mochila en mano, hacía ya 17 meses que se había dedicado a recorrer el noroeste español sin ir a ningún sitio concreto, sin tener a nadie esperándolo en ningún lugar y sin anhelo de encontrarse con ninguna cara conocida. Aún recordaba todas las experiencias que había tenido durante aquellos meses; desde el anciano que amablemente le invitó a desayunar tras aquella mañana de repentina lluvia hasta la mujer que se asustó cuando lo vio con aquella espesa barba de 8 días y pensó que iba a asaltarle. Pero sin duda, recordaba con especial cariño a Javier, a ese niño que se encontró perdido en aquel supermercado  (justo al lado del estante de galletas) y que cuando se lo llevó de vuelta a la madre, ésta no supo como agradecérselo.
La joven madre de la criatura lloró, sonrió, gritó, lo zarandeó e incluso lo invitó a pasar esa noche en casa para degustar una de sus exquisitas cenas pues todo el mundo en aquel pueblecito gallego sabía de las increíbles dotes culinarias de Sandra. Sin embargo, lo que no sabía todo el mundo fue lo que él pudo descubrir aquella noche entre sus brazos cuando ambos cuerpos se entregaron y se fundieron en uno. Quizá por eso ahora, en medio de aquel lugar al que ni siquiera había planeado llegar, recordaba aquella historia con especial cariño teniendo aún presente la última escena de aquella mañana en la que partió.
Fue un día gris y sombrío. Hasta ese momento nunca se había planteado instalarse en ningún lugar ni compartir su existencia con nadie. Sin embargo, aquella mañana, cuando abrió los ojos sintió unas increíbles ganas de seguir al lado de esa mujer con la que en apenas unas horas de conocerse le había hecho sentir tan especial. Se sentó en el borde de la cama y mientras dirigía su mirada y sus pensamientos hacia la enorme ventana de su derecha, Sandra despertó.
Sonrojada y algo avergonzada al principio, no fue capaz de musitar palabra y se limitó a recorrer con el suave tacto de su mano la espalda de ese hombre que la había hecho estremecer durante la noche. Él giro su cabeza y esbozando una sonrisa cariñosa pronuncio los buenos días. Ella tímida por lo que había ocurrido y con voz entrecortada se dispuso a dar una explicación:
-  Quiero que sepas que yo….En realidad yo no acostumbro a....
- Intentando que no se sintiera incómoda, él la interrumpió y no la dejó terminar. -No digas nada- mientras se acercaba a su mejilla para regalarle un cariñoso beso.
-  Prepararé el desayuno- pronunció ella.
-  No te molestes, me iré enseguida.
-  Quédate. Al menos quédate a pasar al día.
- No puedo, no insistas, no digas nada más.
Ambos se fundieron en un largo y último abrazo. En realidad también era el primero y su cuerpo manifestaba una extraña sensación de querer saber cómo sería el segundo abrazo pero sin darse tiempo para llegar a arrepentirse, se despidió de Javier y con un beso en la mejilla emprendió de nuevo su camino.

Tras haber recordado aquellos momentos, de nuevo se quedó con la realidad presente, con ese lugar al que había ido a parar y aquella casa situada frente a él. Era una casa en ruinas, en medio de la nada,  apartada, fría, húmeda y sin ningún tipo de indicio de civilización a su alrededor. Perplejo se sentó sobre una piedra deforme que encontró justo en la parte posterior. Mientras descansaba,  sacó un cigarrillo y se dispuso a encenderlo. Llevaba todo el día sin fumar y tenía tantas ganas que la primera calada, tan fuerte y profunda, llegó incluso a marearle. Inmerso en sus pensamientos, mientras terminaba aquel cigarrillo no dejaba de imaginar su vida allí, en aquel entorno. Era una casa por la que habían pasado generaciones, muertos de hoy que ayer se amaron bajo esos techos que ya no existían. Pudo observar cómo apenas quedaban unas vigas podridas, algo de aquellas paredes de barro, grandes grietas abiertas y el vano de una ventana o de una puerta. Sabía que no habitaba nadie y que solo fenómenos atmosféricos como el frío, la lluvia, la humedad o el calor traslucían por todos aquellos recovecos, pero a pesar de todo eso era una casa sin duda, que sentía muy suya.

¿Por qué le ocurría eso? Desconcertado se levantó con el único propósito de mirar a su alrededor, de echar a andar y hacer ademán de adentrarse en aquel impertérrito lugar que hoy sólo eran ruinas pero ayer fueron vivencias, sueños, experiencias. ¿Por qué le ocurría eso? ¿Por qué sentía recordar algo que nunca vivió? ¿Por qué consideraba suya aquella casa? Durante aquellos 17 meses no había sentido nada suyo, a ningún lugar, a ninguna persona, pero ahora todo se le venía abajo. No entendía cómo había llegado hasta allí y menos aún podía comprender el por qué desde hacía rato tenía un nudo en el estómago que le provocaba querer recordar más y mejor.

No tenía prisa. Apenas le quedaban semanas, días de vida puesto que así se lo habían comunicado los médicos meses atrás al diagnosticarle esa “rara” enfermedad. Dos años antes lo había perdido todo: su empresa, su mujer y un mundo estable en el que vivir. Ahora vivía de un lado a otro, nómada, sin arraigarse a nada aunque aquella situación, aquella casa, aquel aura, lo estaban desconcertando de una manera que ni el mismo podía lograr comprender.

No tenía prisa. Decidió pues encenderse otro cigarrillo y al adentrarse en aquella primera losa de la casa sintió un extraño escalofrío. Algo misterioso, sin duda.  Quizá aquella casa lo había visto nacer y él no podía recordarlo puesto que sus primeros recuerdos pertenecían al orfanato justo antes de que sus padres, una familia adinerada del sur extremeño se dispusieran a adoptarlo. ¿Estaban allí sus orígenes o era todo producto de su imaginación?

Fuera como fuese, lo único que tenía claro es que sus últimos días iban a terminar en aquel precioso lugar, para él sin duda lo era y nada ni nadie le iba a impedir recordar algo que ni siquiera había vivido pero que desde hacía horas sí había sentido. Ese fue su primer recuerdo y deseo con fuerza que también fuese el último que se llevara con él.

sábado, 27 de febrero de 2010

Amor vs Deseo




Se encontraron por casualidad una tarde de verano. ¿Premeditación del destino o pura casualidad?
Desde el primer instante conectaron, horas – que parecían minutos – hablando, risas, complicidad. Ninguno de los dos podía creerse lo que estaba pasando. Descubrieron lo que era hablar sin la necesidad de utilizar vocablos.

Una noche él le preguntó “¿Dónde has estado todo este tiempo?” Alimentándola de ilusiones, una chica que por aquel entonces empezaba a creer en el amor verdadero, pues del método empírico era defensora.

Pasaron los días, los encuentros se acentuaron y el deseo creció exponencialmente. Ambos sabían lo que quería el otro porque saltaron la barrera que ocultaba los secretos. ¿Acaso era malo sentir todo aquello? ¿Era malo sentir esa pasión descontrolada? Destaparon lentamente el lazo del regalo: excitación desbordante, un mágico sentir que extrapolaba todo lo vivido hasta aquel momento. No les importaba nada, no les importaba el mundo. Su mundo se ceñía a dos nombres que formaban un solo ser, en un pequeño habitáculo en el que se juraban amor eterno, hasta el amanecer. Existían unas inmensas ganas por descubrirse el uno al otro, por dejarse llevar, por recorrer sus cuerpos con todo tipo de besos y caricias y enredar sus cuerpos para así poder saciar toda esa locura que ambos contenían.

El tiempo transcurrió rápido y los dos parecían estar viviendo en una nube. Por ello, flotaban y reían, pasaban minutos, horas, días hablando, confesándose secretos, haciendo planes de futuro y obviando el presente tan cercano y fatídico que estaba por llegar, aunque ellos se peleaban y se reconciliaban porque cualquier discusión era superada por el deseo de ambos.

¿Siempre sería así, podría más el deseo que el amor o viceversa?

El final era inminente puesto que “amor y deseo son dos cosas distintas ya que no todo lo que .se ama, se desea, ni todo lo que se desea se ama”.

Lo peor sin duda no es que sean cosas diferentes sino que la caída de la nube, el desplome de sus ilusiones, de sus fantasías y en definitiva de sus sueños se lo llevaría solamente una de las dos partes implicadas y con ello también se esfumaría el deseo de volver a amar.


domingo, 7 de febrero de 2010

Se vende felicidad



Caminaba ausente por la gran avenida. Había estado toda la noche anterior desvelada y sin dormir apenas quince minutos los rayos de luz penetraron por su ventana y le recordaban en ese momento que el nuevo día estaba comenzando. Sin ninguna pereza se levantó y sin dar tregua a sus pensamientos siguió indagando sobre aquello que quería hacer y cambiar.

Salió de casa decidida a cambiar el recorrido que realizaba todas las mañanas y emprenderse a descubrir nuevos horizontes pues siempre había sido bastante arriesgada, en ocasiones demasiado, pero no se arrepentía. Era confiada, sensible y sincera. Quizá lo mejor era eso último su sinceridad puesto que los otros dos apelativos no eran para nada valorables, es más a día de hoy le seguían ocasionando nada más que problemas en un mundo en el que a priori la desconfianza debía imponerse y la sensibilidad era una muestra de flaqueza, un valor negativo de la persona que lo poseía, una actitud blandengue. Era cariñosa y se lamentaba por ello al igual que era testaruda y obstinada pero se sentía orgullosa de serlo.

Aquel día después de pensar en su situación, futuro y presente más cercano solo quiso cambiar en todos los aspectos parte de sí misma y quizá por ello empezó tomando aquel otro desvío que la llevara al mismo destino pero que le hiciera disfrutar de otras perspectivas. Algo tenía que cambiar para que todo pudiese continuar igual, se decía a menudo. Pero en realidad no quería que todo siguiese igual, quería cambiar desde dentro hasta fuera. Ser otra. ¿Demasiado difícil?

Al desviarse de dirección descubrió al final de aquella cuesta empedrada un pequeño comercio, oscuro pero con luces que parpadeaban y que llamaron su atención. Se adentró en él y pudo leer en letras bien grandes:

“SE VENDE FELICIDAD”

Al leer aquel cartel iluminado una risa iluminó su rostro pensando en aquella absurda tontería que sus ojos habían leído pero la intriga fue más grande y su impulso la llevó hasta el interior de aquel local.

- Buenos días- dijo algo asombrada.
- Pasa, estoy al final del pasillo. No te quedes ahí.
(Siguió en aquella dirección y se dirigió a aquel joven) - Perdona, yo solo……sentí curiosidad al ver este lugar. Quizá no debería estar aquí.
- Estas en el lugar perfecto, le dijo. Sé que estás extrañada pero que la curiosidad te ha traído hasta aquí. Por eso mismo utilizo ese eslogan publicitario. Dime, ¿qué te ocurre a ti?
- Lo que te decía, mejor me voy.
- ¿Acaso tienes miedo de contarme que no eres feliz?
- Yo si soy feliz, supongo.
- ¿Entonces por qué estás aquí?
- Porque su eslogan es una estupidez, porque hay cosas que no se pueden comprar, que no son tangibles, que no se cuantifican.
- Menudo descubrimiento….¿has llegado tú sola a esa conclusión?
- Tengo que irme, llego tarde.
- Espera, no quería molestarte. Claro que hay cosas que no se pueden comprar pero no por eso debes dejar de pensarlas, de soñarlas, de aspirar a conseguirlas. Has tenido valor para salir de casa, para llegar hasta aquí, para querer cambiar tu dirección…

Una llamada telefónica interrumpió aquella conversación, el tiempo suficiente para que la chica se diese media vuelta y saliese de aquel local. Había encontrado su desvío, allí en aquel lugar, con aquel breve diálogo, con aquella decisión que tomó al salir de su casa. Se sentó entonces en el portal de aquel local y enseguida se unió a ella el joven del interior que a partir de aquel momento se convirtió en su confidente diario.

Él no vendía felicidad, ella tampoco quería comprarla. Se conformaba sencillamente con otras cosas, otros detalles, otros pequeños motivos que le hicieran conciliar el sueño y sabía que todo eso dependía exclusivamente de ella, de nadie más, sobre todo porque así era ella, con sus cosas buenas y malas pero siempre era ella misma y sobre todo y lo más importante porque a raíz de aquel desvío su ingenuidad pudo comprender que la felicidad era algo individual, personal y que no podía depender de nadie para llegar a alcanzarla.

domingo, 31 de enero de 2010

Comenzar....
















Si hablamos de comenzar, como todos los comienzos, son difíciles. Por tanto más que un comienzo, inicio este blog con el único propósito de escribir lo que sienta y cómo lo sienta.

No soy una erudita en física cuántica ni una entendida en ingeniería geológica, de hecho, ni siquiera tengo una idea predeterminada sobre como irá avanzando este blog pero sí me gustaría interrelacionar diferentes temáticas porque como suele ocurrir en la vida, ni todo es blanco ni todo es negro; de igual manera que no siempre estamos con el espíritu “cortavenas” en estado “on” ni tampoco vivimos eternamente en los “mundos de Yupi”.

Las pasiones humanas, los sentimientos, las vivencias diarias son tan contradictorias y tan complejas que nunca podremos llegar a entenderlas, por eso quizá puedo ver partes de mi vida como piezas de un gran “tetris”, pero sin llegar a encajar. Son piezas cuyo significado solamente puede entenderse al revés, sin forzarse, sin ni siquiera intentar darle forma.

A lo único que sí intentaré dar forma será a mis palabras y en definitiva a mis pensamientos. Hoy, y sin que sirva de precedente, utilizaré este fragmento de aquella película tan famosa y que podría ser una buena carta de presentación, al sentirme totalmente reflejada:

"No soy nadie especial. Solo soy una chica corriente con pensamientos corrientes. He llevado una vida corriente. No me han hecho ningún monumento y mi nombre pronto quedara en el olvido. Pero según como se mire he tenido mucho éxito como muchas otras personas en la vida. He amado a otra persona con todo mi corazón y eso para mí siempre ha sido más que suficiente".





Comenzamos pues...

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