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miércoles, 19 de mayo de 2010

El circo de la vida

Vivimos en un circo de emociones: lloramos, reímos, gritamos, callamos. Nos dejamos llevar por distintos placeres, nos aventuramos, nos acobardamos. Por tanto a veces somos payasos, trapecistas, domadores, malabaristas, depende del día, depende del momento, de la situación y de la emoción que llevemos implícita. No podemos ser payasos si nuestra tristeza nos invade, del mismo modo que no podemos ser domadores si nuestro espíritu de ese día se encuentra totalmente fuera de cobertura, incapaz ni de mandar en nosotros mismos, en estado “off”.

Pero claro, lo realmente complicado se halla en el hecho de tener que sacar fuerza cuando no la hay, en guardar nuestros problemas y hacer un esfuerzo por reír cuando lo que necesitamos en realidad es llorar, engañando a nuestro interior para no entrar en una crisis con nosotros mismos. Al igual ocurre cuando actuamos como domadores sabiendo que nuestros actos no se corresponden con lo que pasa por nuestra cabecita pero logrando amansar principalmente a la fiera de los miedos y de subirnos decididamente a la cuerda de las dificultades, sin mirar hacia abajo, sin sentir ni un ápice de vértigo.


¿La vida es un circo o hacemos un circo de ella?


Desde lo más alto.... Girona
Con carpa o sin ella, la vida son instantes, momentos efímeros de felicidad, de complicidad, de pasión y deseo. Momentos de tristeza, de pensamientos negativos, de desilusiones. Instantes que se vuelven eternos e increíbles: compartes, escuchas, sueñas, sonríes, deseas, observas, opinas, ayudas, analizas y decides. Supongo que todo eso también depende una vez más de nuestro estado emocional. Quizá por eso estoy escribiendo ahora mismo. Chorradas, lo sé, pero al fin y al cabo pensamientos que me vienen y van. Pensamientos transformados en palabras, sentimientos que discurren por este circo que es la vida y mientras yo en un primer plano observo el espectáculo como payasa, malabarista, trapecista y domadora pero sintiendo plenamente en cualquiera de los casos, congelando imágenes, recuerdos y dibujando sueños, ilusiones y nuevas metas que poder alcanzar porque el circo de la vida sigue su curso y yo no quiero ni debo pararme.

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