miércoles, 4 de agosto de 2010

Pequeños detalles

Abuelo paseando...pequeños detalles en Priego de Cordoba
¿Quiénes somos?

A veces nos pasamos media vida descubriendo quiénes somos, algunas personas luchan día y noche por llegar a gustar, por querer agradar a los demás, cuando eso es realmente imposible.

A veces, ante hechos iguales actuamos de diferente manera y a veces también, ante personas distintas actuamos de la misma forma.
A veces somos nosotros los que nos hacemos infelices intentando alcanzar la felicidad y sin saber apreciar los efímeros instantes de la vida en que ésta, la felicidad está presente.

A veces no tenemos en cuenta que todos y cada uno de nosotros estamos hechos de pequeños y preciosos detalles y que esos detalles son nuestro propio reflejo, un reflejo que nunca podrá ser reemplazado porque en ese caso, ya estaríamos hablando de otra persona. Ni mejor, ni peor. Simplemente diferentes. La grandeza, lo verdaderamente mágico radica en saber apreciar esa diferencia.

domingo, 1 de agosto de 2010

Sol y sombra

Pared hospital de Córdoba
Habitando entre el sol y la sombra.
¿Quién eres?
¿Quién soy?
¿Quién es?
Sol y sombra,
penumbra y día,
enigma y luz.

Quieres encontrarte a ti mismo, a lo que hay detrás de ti pero sabes que allí solamente hallarás al extraño, a esa parte que no deja mostrarse tal cual es, a esa parte de ti que tiene miedo a sufrir pero que a la vez se muere de ganas por sentir y vivir, con todo lo que eso conlleva. ¿Te conoces? ¿Te asustas? A veces necesitamos toda la vida para llegar a conocernos, incluso en algunas ocasiones morimos sin comprender esa parte insólita de nosotros mismos, esa parte con la que antes nos negábamos a actuar y de que de repente un día supo salir a ganar.

Otras veces aún sin conocernos tenemos suerte porque en el momento adecuado y a la hora adecuada llega ese alguien especial que es capaz de descubrirnos, de quedarse a compartir con nosotros los miedos y fantasías, los sueños y fracasos. Te detienes, observas, analizas, y valoras. Es entonces cuando ese miedo a conocerte y a sentir se acrecienta por segundos mientras que el alma de tu sombra termina vislumbrando y manifestando todo eso que hay oculto, todo eso que tanto tiempo estuvo escondido por temor a ser percibido y lo que es peor, a no ser correspondido.

No tengas miedo, vive, disfruta, siente. Soy tu sombra y tu reflejo, soy la huella negra que avanza tras de ti, esa misma que se alarga y se contrae, aquella que ante cualquier movimiento te asusta y te sorprende. Soy tu amiga solitaria, la que siempre caminará junto a ti, como durante todo este tiempo, de más pequeña a más grande pero siempre observando desde el silencio y manifestándome entre las tinieblas.

Soy tu sombra, sí, hasta aquí llegué y me quedaré, contigo, en ti, para ti.

miércoles, 19 de mayo de 2010

El circo de la vida

Vivimos en un circo de emociones: lloramos, reímos, gritamos, callamos. Nos dejamos llevar por distintos placeres, nos aventuramos, nos acobardamos. Por tanto a veces somos payasos, trapecistas, domadores, malabaristas, depende del día, depende del momento, de la situación y de la emoción que llevemos implícita. No podemos ser payasos si nuestra tristeza nos invade, del mismo modo que no podemos ser domadores si nuestro espíritu de ese día se encuentra totalmente fuera de cobertura, incapaz ni de mandar en nosotros mismos, en estado “off”.

Pero claro, lo realmente complicado se halla en el hecho de tener que sacar fuerza cuando no la hay, en guardar nuestros problemas y hacer un esfuerzo por reír cuando lo que necesitamos en realidad es llorar, engañando a nuestro interior para no entrar en una crisis con nosotros mismos. Al igual ocurre cuando actuamos como domadores sabiendo que nuestros actos no se corresponden con lo que pasa por nuestra cabecita pero logrando amansar principalmente a la fiera de los miedos y de subirnos decididamente a la cuerda de las dificultades, sin mirar hacia abajo, sin sentir ni un ápice de vértigo.


¿La vida es un circo o hacemos un circo de ella?


Desde lo más alto.... Girona
Con carpa o sin ella, la vida son instantes, momentos efímeros de felicidad, de complicidad, de pasión y deseo. Momentos de tristeza, de pensamientos negativos, de desilusiones. Instantes que se vuelven eternos e increíbles: compartes, escuchas, sueñas, sonríes, deseas, observas, opinas, ayudas, analizas y decides. Supongo que todo eso también depende una vez más de nuestro estado emocional. Quizá por eso estoy escribiendo ahora mismo. Chorradas, lo sé, pero al fin y al cabo pensamientos que me vienen y van. Pensamientos transformados en palabras, sentimientos que discurren por este circo que es la vida y mientras yo en un primer plano observo el espectáculo como payasa, malabarista, trapecista y domadora pero sintiendo plenamente en cualquiera de los casos, congelando imágenes, recuerdos y dibujando sueños, ilusiones y nuevas metas que poder alcanzar porque el circo de la vida sigue su curso y yo no quiero ni debo pararme.

lunes, 5 de abril de 2010

Reflejos reales

Quizá os haya pasado en alguna ocasión.

Quizá alguna vez caminando por la calle os pareció ver entre el tumulto de la gente a una persona a la que amasteis hace mucho tiempo. Apenas fue un instante, un breve destello de luz, lo suficiente como para dejar una quemadura en la retina y en el alma.

Quizá os ha pasado, que ese instante, esos breves minutos fueron el tiempo suficiente como para dejarte paralizado en mitad de la acera, sintiéndote a contracorriente de todo y sin saber muy bien qué hacer o qué decir. Acto seguido se te llena la cabeza de recuerdos. Todos vienen a ti; buenos y malos; sonríes y entristeces.



Reflejos de un viernes santo (Priego de Córdoba)


Quizá alguna vez habéis tenido esa sensación de desconcierto y turbación, porque esa es la cuestión que ni siquiera estás seguro de que se trate de esa persona; primero porque ha sido un breve instante y segundo como digo porque ha pasado tanto tiempo desde la última vez que os vistéis que tal vez haya cambiado. Sí, todos hemos cambiado en este tiempo y tú también aunque a veces te niegues a reconocerlo.


Quizá os haya pasado que incluso aunque recelosos y desconfiados de aquel momento, el corazón se os ha acelerado y por eso te has quedado allí en mitad de la acera, pensando y dudando si es lo que crees haber visto o si es que uno confunde la realidad con el deseo.


Quizá alguna vez habéis sentido incluso ganas de que ocurriera algo así y el deseo hace que inventemos a esa persona entre la gente: desapareciendo y apareciendo, apareciendo y desapareciendo. Y no es porque quedará algo urgente por decir o algo pendiente, probablemente no sea eso, quizá solo sea un deseo inconsciente y uno sólo quiere encontrarse con esa persona para decirle cualquier tontería, para poder recuperar un pequeño retal, un insignificante fragmento de aquellos tiempos en los que éramos eternos e invulnerables.


Quizá solo para decir; ¿qué ha sido de ti en todo este tiempo?; ¿qué fue de nosotros?; ¿qué ha sido de mí?


miércoles, 24 de marzo de 2010

Amor nómada

Casa Fuente del Rey (Priego de Córdoba)

Confuso, fue capaz de llegar hasta un lugar que ni siquiera aparecía en su arrugado mapa, en aquel mapa que días atrás le había entregado aquella chica misteriosa justo en la gasolinera del pueblo. Desde pequeño había dado muestras de su valentía y en su época de adolescente había sido un chico muy atrevido, sin miedo a nada. Ahora, cuando ya rozaba los cuarenta otros sentimientos albergaban su mente, su vida. Una vida que no había sido fácil pero desde luego una vida en la que el temor y la desconfianza no estaban presentes. A veces él mismo se sorprendía y le resultaba triste no tener miedo a nada.
Con mochila en mano, hacía ya 17 meses que se había dedicado a recorrer el noroeste español sin ir a ningún sitio concreto, sin tener a nadie esperándolo en ningún lugar y sin anhelo de encontrarse con ninguna cara conocida. Aún recordaba todas las experiencias que había tenido durante aquellos meses; desde el anciano que amablemente le invitó a desayunar tras aquella mañana de repentina lluvia hasta la mujer que se asustó cuando lo vio con aquella espesa barba de 8 días y pensó que iba a asaltarle. Pero sin duda, recordaba con especial cariño a Javier, a ese niño que se encontró perdido en aquel supermercado  (justo al lado del estante de galletas) y que cuando se lo llevó de vuelta a la madre, ésta no supo como agradecérselo.
La joven madre de la criatura lloró, sonrió, gritó, lo zarandeó e incluso lo invitó a pasar esa noche en casa para degustar una de sus exquisitas cenas pues todo el mundo en aquel pueblecito gallego sabía de las increíbles dotes culinarias de Sandra. Sin embargo, lo que no sabía todo el mundo fue lo que él pudo descubrir aquella noche entre sus brazos cuando ambos cuerpos se entregaron y se fundieron en uno. Quizá por eso ahora, en medio de aquel lugar al que ni siquiera había planeado llegar, recordaba aquella historia con especial cariño teniendo aún presente la última escena de aquella mañana en la que partió.
Fue un día gris y sombrío. Hasta ese momento nunca se había planteado instalarse en ningún lugar ni compartir su existencia con nadie. Sin embargo, aquella mañana, cuando abrió los ojos sintió unas increíbles ganas de seguir al lado de esa mujer con la que en apenas unas horas de conocerse le había hecho sentir tan especial. Se sentó en el borde de la cama y mientras dirigía su mirada y sus pensamientos hacia la enorme ventana de su derecha, Sandra despertó.
Sonrojada y algo avergonzada al principio, no fue capaz de musitar palabra y se limitó a recorrer con el suave tacto de su mano la espalda de ese hombre que la había hecho estremecer durante la noche. Él giro su cabeza y esbozando una sonrisa cariñosa pronuncio los buenos días. Ella tímida por lo que había ocurrido y con voz entrecortada se dispuso a dar una explicación:
-  Quiero que sepas que yo….En realidad yo no acostumbro a....
- Intentando que no se sintiera incómoda, él la interrumpió y no la dejó terminar. -No digas nada- mientras se acercaba a su mejilla para regalarle un cariñoso beso.
-  Prepararé el desayuno- pronunció ella.
-  No te molestes, me iré enseguida.
-  Quédate. Al menos quédate a pasar al día.
- No puedo, no insistas, no digas nada más.
Ambos se fundieron en un largo y último abrazo. En realidad también era el primero y su cuerpo manifestaba una extraña sensación de querer saber cómo sería el segundo abrazo pero sin darse tiempo para llegar a arrepentirse, se despidió de Javier y con un beso en la mejilla emprendió de nuevo su camino.

Tras haber recordado aquellos momentos, de nuevo se quedó con la realidad presente, con ese lugar al que había ido a parar y aquella casa situada frente a él. Era una casa en ruinas, en medio de la nada,  apartada, fría, húmeda y sin ningún tipo de indicio de civilización a su alrededor. Perplejo se sentó sobre una piedra deforme que encontró justo en la parte posterior. Mientras descansaba,  sacó un cigarrillo y se dispuso a encenderlo. Llevaba todo el día sin fumar y tenía tantas ganas que la primera calada, tan fuerte y profunda, llegó incluso a marearle. Inmerso en sus pensamientos, mientras terminaba aquel cigarrillo no dejaba de imaginar su vida allí, en aquel entorno. Era una casa por la que habían pasado generaciones, muertos de hoy que ayer se amaron bajo esos techos que ya no existían. Pudo observar cómo apenas quedaban unas vigas podridas, algo de aquellas paredes de barro, grandes grietas abiertas y el vano de una ventana o de una puerta. Sabía que no habitaba nadie y que solo fenómenos atmosféricos como el frío, la lluvia, la humedad o el calor traslucían por todos aquellos recovecos, pero a pesar de todo eso era una casa sin duda, que sentía muy suya.

¿Por qué le ocurría eso? Desconcertado se levantó con el único propósito de mirar a su alrededor, de echar a andar y hacer ademán de adentrarse en aquel impertérrito lugar que hoy sólo eran ruinas pero ayer fueron vivencias, sueños, experiencias. ¿Por qué le ocurría eso? ¿Por qué sentía recordar algo que nunca vivió? ¿Por qué consideraba suya aquella casa? Durante aquellos 17 meses no había sentido nada suyo, a ningún lugar, a ninguna persona, pero ahora todo se le venía abajo. No entendía cómo había llegado hasta allí y menos aún podía comprender el por qué desde hacía rato tenía un nudo en el estómago que le provocaba querer recordar más y mejor.

No tenía prisa. Apenas le quedaban semanas, días de vida puesto que así se lo habían comunicado los médicos meses atrás al diagnosticarle esa “rara” enfermedad. Dos años antes lo había perdido todo: su empresa, su mujer y un mundo estable en el que vivir. Ahora vivía de un lado a otro, nómada, sin arraigarse a nada aunque aquella situación, aquella casa, aquel aura, lo estaban desconcertando de una manera que ni el mismo podía lograr comprender.

No tenía prisa. Decidió pues encenderse otro cigarrillo y al adentrarse en aquella primera losa de la casa sintió un extraño escalofrío. Algo misterioso, sin duda.  Quizá aquella casa lo había visto nacer y él no podía recordarlo puesto que sus primeros recuerdos pertenecían al orfanato justo antes de que sus padres, una familia adinerada del sur extremeño se dispusieran a adoptarlo. ¿Estaban allí sus orígenes o era todo producto de su imaginación?

Fuera como fuese, lo único que tenía claro es que sus últimos días iban a terminar en aquel precioso lugar, para él sin duda lo era y nada ni nadie le iba a impedir recordar algo que ni siquiera había vivido pero que desde hacía horas sí había sentido. Ese fue su primer recuerdo y deseo con fuerza que también fuese el último que se llevara con él.

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