jueves, 12 de diciembre de 2013

Lost

Empieza a contar para que pueda esconderme. Estaré oculta hasta que todo esto pase, hasta que tenga una respuesta, hasta que pueda encontrar un poco de lógica. ¿Acaso la hay? Mejor esconderse ante lo que hay, ante el esfuerzo realizado en balde, ante las injusticias diarias y las dificultades del camino.

Empieza a contar para que pueda esconderme, sí. Hazlo rápido. Es lo que hoy quiero, tomar prestado un poco de tiempo, tiempo para concienciarme y para saber si quiero salir de aquí. Mientras tanto seguiré oculta, esperando un poco de luz, aguardando ese resquicio de esperanza que tanto necesit(amos), deseando y soñando con poder volar y aterrizar en ese destino tan anhelado. 

Empieza a contar, me esperaré oculta hasta que llegues al número ¿cien, mil, doscientos mil..? Entonces me buscarás, y cuando me encuentres haremos como si fuese la primera vez. Tus cálidas manos me llevarán justo a dónde yo quiero y tus tórridos besos me extasiarán como necesito. 

Empieza a contar y juguemos.


Panorámica...en Almuñecar

La vida no es más que un juego. Un juego al que todos jugamos, un juego constante que no pasa de moda, el escondite.

Consiste en perderse y buscarse, en buscarse y encontrarse, en encontrarse y esconderse, en esconderse y buscarse.

No siempre será agradable lo que uno encuentre, y por ello se esconderá para poder encontrarse después. Por eso siempre nos quedará perdernos y buscarnos, buscarnos y encontrarnos para luego si se tercia volvernos a perder...


domingo, 1 de diciembre de 2013

Tráfico de pensamientos

Mientras unos pasan, otros esperan. Como prácticamente casi todo en esta vida...
El maldito semáforo de Pinos Puente (Granada)
Excepto cuando tengo mucha prisa, a mí en realidad no me incomoda lo más mínimo detenerme ante un semáforo. Durante este breve tiempo de parada, aprovecho para mirar a mí alrededor y deducir los pensares de la gente que me rodea. A mi lado izquierdo hay un chico joven que no aparta la vista de su tecleo en el teléfono móvil. A mi derecha hay, en cambio, una mujer mayor, que sostiene dos bolsas de la compra, una en cada mano. Una niña pequeña sujeta la mano de su abuelo que muy cariñosamente le abre una bolsa de gusanitos y la previene acerca de cómo debe sujetarlos. Mientras tanto, aprovecho para coger un chicle de mi sabor preferido y casi al mismo tiempo, alargo mi mano para sacar del bolso mi cámara de fotos pues quiero aprovechar la parada para tomar una imagen de este semáforo en día tormentoso (quizá algún día me sirva para escribir algo). Ya ves...hoy, por ejemplo.

Un tráfico de pensamientos transcurre por mi cabeza. Una asociación de ideas y de colores vienen a mí. Rojo; prohibición, peligro. Verde; seguridad, confianza. A continuación imagino que aquello que me rodea no son coches que cruzan velozmente (¡qué loca!), sino otro tipo de cosas que también pasan a gran velocidad, y que pueden atropellarme, hacerme daño y poner mi vida en peligro. En ese caso los coches podrían ser sustituidos por otro tipo de peligros, como el miedo, el dolor, el desamor, la soledad, la enfermedad, la desesperanza, o la angustia. En realidad supongo que es así cómo funciona el ser humano, viviendo en una pequeña porción de espacio, mientras todos estos peligros le acechan, pasando a gran velocidad por ambos lados. Pero está claro que queremos pasar, avanzar y no estancarnos siempre en el mismo sitio, puesto hay que seguir viviendo.

Es entonces cuando mi tráfico de pensamientos es interrumpido por esa mágica luz del semáforo. Luz verde que corta el hilo de mi naufragio de ideas. Ya no hay que pensar sino tan sólo seguir adelante, mientras los coches del otro carril así como los peligros, permanecen detenidos, y yo voy cruzando frente a ellos, con una luz verde que me indica que ante todo, que debo continuar mi camino.

lunes, 25 de noviembre de 2013

Life

Son muchos mis escritos sobre la felicidad, sobre ese invento que adorna nuestras vidas, que a veces viene y va, que a veces no encontramos y otras, no sabemos verlo aunque lo tengamos delante, aunque lo puedan ver todos los seres que nos rodean, nosotros nos empeñamos en buscar, en anhelar, en querer más. ¿Por qué? Porque la felicidad es ahora, es aquí pero quizá no sea mañana. Y por eso, no sabemos hallarla y muchos menos, valorarla. 

A veces el destino nos sorprende, se lleva de nuestro lado a seres que de una u otra manera formaban una parte importante de nuestras vidas y nos acontece la terrible putada de dejarnos sin palabras. Buscar una razón lógica a las sinrazones de la vida es bien difícil, más bien imposible. 

Es justo en los momentos oscuros cuando te das cuenta que hay que buscar la luz, que hay que disfrutar una vez más de tus sueños e ilusiones porque de repente un día, la muerte nos sorprende. Y no, no me gusta escribir sobre la muerte pero; ¿acaso es malo hacer una lista de "cosas que hacer antes de morir"?

Quizá sea más fácil que todo eso, quizá no haya ni que elaborarla, quizá tan solo debamos actuar, actuar sin pensar pero con cabeza, actuar sintiendo, actuar viviendo, actuar llorando, actuar disfrutando, actuar. Para lo bueno y para lo malo.¿Por qué?  Porque la vida es efímera, porque se nos agota el tiempo.



domingo, 17 de noviembre de 2013

Cuento de domingo

Vivían un amor imposible, de aquellos de cuentos de hadas, una historia del pasado y del presente, una historia dónde los personajes se citan a escondidas en medio de bosques encantados.

Vivían un amor imposible, invadido por madrastras despiadadas y víboras hechiceras, de las de ayer y hoy, de esas que acaparan la parte maligna de la historia conspirando contra el más hermoso de los sentimientos, el más hermoso y temido a la vez.

Vivían un amor imposible, de esos tan intensos que en ocasiones eran incapaces de poder discernir entre lo real e imaginario. Un amor lleno de lujuría y a la vez de ternura, lleno de arrebatos y deseos, lleno de cariño y requiebros.


Ella, siempre planeaba los encuentros en aquel frondoso lugar, justo en la cima de su fortaleza. Sentía predilección por sentarse cerca de la pequeña cascada y esconderse tras el penúltimo árbol mientras lo esperaba puntual con la mejor de sus sonrisas.

Él, llegaba a la hora acordada pero siempre con miedo tras su recorrido, con incertidumbre, mirando alrededor de cada pisada, inspeccionando cada movimiento pero aprovechando cada ángulo para vislumbrar la más bella sonrisa que lo esperaba y que años atrás lo había cautivado.

Vivían un amor imposible, pleno de momentos fugaces, un amor de ahora o nunca, un amor acompañado de mariposas en el estómago y de besos al atardecer pero sobre todo un amor de entrega, un amor de todo o nada.

Y eso precisamente fue lo que ocurrió.

lunes, 11 de noviembre de 2013

Días de lluvia

La lluvia no había cesado durante dos días, se había convertido en su cómplice más fiel, en la guarida de sus secretos.

A pesar del agua que caía a raudales, ambos seguían teniendo una sed mutúa. Sed de sus besos, de su piel, de sus manos, aquellas manos que tan solo con un roce la hacían estremecer y sentir ese escalofrío que sólo él podía causarle.

Habitaba un mágico silencio. Silencio exterior que se rompía con el ruido de la lluvia que golpeaba sobre la vieja ventana de acero. Silencio interior que se desquebraja con sollozos de placer que aceleraban su corazones y los hacían vibrar.



Paisaje Almedinilla...desde mi coche.
Continuaba la lluvia y con ello las ganas de amarse. El frío la abrazaba y la partía en dos pero allí estaba él. Le gustaba sentir el recorrido de sus dedos bajando por su espalda, paseando por su cara y enredándose en su pelo.

Habitaba un mágico silencio. Para nada era necesario hablar. Solo importaba seguir sintiendo ese seductor frío y ese fascinante calor que los obligaba a no separarse. Era en ese mágico silencio cuando cada beso, cada caricia se convertía en un puro sentimiento desnudo.

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